"Coloquios sobre la Arquitectura" por Viollet-le-Duc PDF Imprimir Correo
Escrito por Angela Patricia   
Sábado, 24 de Octubre de 2009 22:28

"Coloquios sobre la Arquitectura" por Viollet-le-Duc

         

 

Viollet-le-Duc, autor del texto “Coloquios de la Arquitetura” asegura en el mismo que la forma más segura para construir es estudiar la arquitectura del pasado y la forma de construirla. Sin embargo, se debe hacer algo más que simples copias. Al adoptar los principios constructivos de la antigüedad y cambiar el material con el cual trabajamos, la forma necesariamente debe de cambiar también.

 

Las aplicaciones de los nuevos materiales deben ser desarrolladas y las formas de las estructuras modificadas a través de los principios acogidos por los constructores anteriores. Viollet-le-Duc considera que estos principios son excelentes, por lo tanto el constructor moderno debe valerse de ellos.

 

Existen dos tipos de estructuras para el autor: la estructura pasiva, inerte, y la estructura equilibrada. Sin embargo admite solo esta última.

 

La arquitectura no puede revestir formas nuevas si no va a buscarlas en una aplicación rigurosa de una estructura nueva. Todo empleo disimulado de un medio no podría conducir a formas nuevas.

 

Por ejemplo, cuando los maestros laicos del siglo XIII encontraron un sistema de estructura diferente al utilizado anteriormente, no dieron a su arquitectura las formas admitidas por los arquitectos romanos o románicos, sino que expresaron francamente esta estructura y así pudieron aplicar nuevas formas con su fisonomía propia.

 

Viollet-le-Duc plantea que los medios proporcionados por la época, como los nuevos materiales que se utilizaban en ese momento debían ser aplicados, pero no era necesario conservar las formas del pasado que no resultaran adecuadas a las necesidades contemporáneas.

 

Refiriéndose específicamente al hierro, afirma que debemos estudiar sus propiedades y utilizarlas abiertamente, de la misma manera que se ha hecho con otros materiales a través del tiempo.

 

Hasta ese momento al hierro solo se le había asignado una función de accesorio, como  complemento de la arquitectura; o una función oculta en los grandes monumentos, porque no se había tratado seriamente de sacarle partido al hierro de manera apropiada.

 

Viollet-le-Duc notó el progreso ocurrido con el hierro ya que unos veinte años antes de ese momento se utilizaban armazones complicados, poco resistentes y por tanto costosos. Los promotores de ese progreso no fueron los famosos arquitectos, sino los ingenieros. Estos no habían sabido emplear el hierro más que en función de su utilidad práctica, sin preocuparse por las formas de arte.

 

Los arquitectos, en su mayoría, rechazaron los nuevos materiales; aquellos que no los rechazaron se limitaron a reproducir esos medios puramente prácticos hallados por los ingenieros y a disimular los nuevos elementos bajo ciertas formas tradicionales.

 

Se ha concluido que “los arquitectos no eran lo suficientemente sabios y que los ingenieros no eran en absoluto artistas”. Para el autor estas dos cualidades de artista y de sabio deben de encontrarse reunidas en un constructor si pretende conseguir obras de arte en armonía con lo que reclama la época.

 

Las carreras de arquitecto e ingeniero civil suelen confundirse como ocurría antaño. Los intereses de los arquitectos y los ingenieros se beneficiarían de su unión. Si ambos llegan a reunir sus facultades, su saber y sus medios, el público resultaría beneficiado.

 

Viollet-le-Duc plantea que debemos buscar con la ayuda de todos los métodos antiguos, y no de solo algunos de ellos, las aplicaciones en razón de los materiales y medios que tenemos a nuestra disposición.

 

El progreso se produce mediante una serie de transformaciones, es el paso de lo conocido a lo desconocido. Debemos tratar entonces de preparar esas transiciones sin olvidarnos del pasado, sino apoyándonos en él para llegar más lejos.

 

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